lunes, 9 de febrero de 2009

Año Nuevo entre amigos y despedida de Mem


Volví al hotel a eso de las 4 de la tarde, después de mucho caminar y recorrer las ya familiares calles de Bangkok.
Entré al hotel, lo saludé a Johnny (el encargado del lugar), a sus orquídeas y a las mariposas. Y en mi habitación y procedí a prepararme para aquel día: 31 de diciembre del 2008.

No solo recibía nuevo año, sino que, después de tanto tiempo, me reencontraba con Juan. Y además, también después de 10 meses, tenía una cita. Mi primer y última cita de este viaje.
Me pegué una ducha musical y me fregué bien fregado ya que estaba medio roñoso. Me peiné (algo que no había hecho durante los últimos 10 años) y me afeité (algo que solo había hecho dos veces en todo el año).

Me puse la única remera limpia que me quedaba, que la venía reservando desde hacía dos semanas solo para Año Nuevo. Me eché desodorante, y me miré al espejo al tiempo que disparaba con las manos a mi reflejo sonriente, en el típico gesto ganador del langa che boludo argentino.

Salí a buen andar porque se me estaba haciendo tarde. Cada paso que daba lo hacía al compás de la musiquita de un Detective Suelto en Hollywood.
Con mucha precaución, esa mañana, había preguntado por indicaciones de cómo llegar al Siam Paragon, que es el Shopping más importante de Bangkok (algo así como el Spineto de Buenos Aires). Por eso me tomé el 60 y ansioso y feliz, me dirigí al centro.

Media hora más tarde me encontraba en la puerta de un Shopping GIGANTE. Tenía varias entradas, así que el "nos encontramos en la puerta" no había sido una gran idea. Si no nos encontrábamos allí, no había manera hacerlo porque no tenía su celular.
Fui a lo que me pareció la entrada principal, y no sé si era por Vísperas de Año Nuevo o qué, pero estaba llenísimo de gente. Lleno de jóvenes chinos adolescentes que corrían a los gritos con sus celulares como locos.
Sin embargo, al minuto, entre la multitud vi una carita y una manito que me saludaban enérgicamente por lo cual me acerqué y exclamé

- Mem!
- Mr Fizu! - respondió ella.

Nos dimos un respetuoso abrazo y entramos al Siam Paragon.

Comenzamos a pasear y a charlar por los pasillos del Shopping. Era super lujoso, tenía como 6 pisos y hasta había un local que vendía Ferraris!!

Fuimos al sector de los cines (con IMAX y todo) y surgió el dilema de que película elegir.
Mem quería ver una de amor tailandesa, y ya por el cartel y la sinopsis se notaba a la legua que era una runa cagada. Y yo tenía ganas de ver Madagascar 2.

- Tal vez podríamos ver esta, así practicamos inglés, no?

Por suerte, aceptó.

Compramos las entradas, unos pochoclos (no podía hacer el truco del pochoclo con ella al lado), entramos y pasaron media hora de los próximos estrenos y propagandas. Un horror!

Justo antes de la película, pasaron un video del Rey. Automáticamente todos se pusieron de pie y Mem me levantó del brazo para que hiciera lo mismo. Hubo como una especie de video-clip que mostraba al Rey haciendo distintas cosas: remontando un barrilete, acariciando un perro rengo, hablando con un tailandés pobre y luego pasaron una canción que todas empezaron a cantar.
O era el himno nacional o una onda el Oso de Moris porque se la sabían todos. Muy bizarro.

Terminada la canción, tomamos asiento.

- Todos aman al Rey - me volvió a explicar Mem seriamente.
- Sí, sí... te creo - respondí ya que después de tanta foto, video y canciones hasta yo lo estaba empezando a amar.

La película estuvo genial y me descostillé de risa. Encima las voces las hacen Ben Stiler, David Rock (creo), y Ross el de Friends.

No sé si Mem la entendió mucho porque solo se reía cuando yo lo hacía.


Luego salimos del cine, tomamos algo y volvimos a Kao Son Road, donde todo era un descontrol. Todos estaban de la cabeza. Había varios europeos disfrazados de mujer. Todos se abrazaban y cantaban borrachos. También había un elefante enorme pintado de colores caminando por la peatonal. La gente lo tocaba y hasta vi cómo un inglés, inexplicablemente ofendido con el elefante, le pegó una piña y los amigos lo tuvieron que agarrar porque se quería ir a las piñas con el pobre paquidermo.

Cenamos un pai thai allí de dorapa en la lleca y previos mensajitos de texto, Mem se encontró con una amiga (se llamaba Nen!) y nos fuimos los tres a bailar.

En el boliche, en un momento, ya cansado de bailar reguetones, me senté a recuperar un poco el aire, mientras que Mem bailaba con su amiga sugestivamente. Qué pasa con las chicas? Por qué no pueden abstenerse a hacer solo el paso del robot?

La cuestión fue que no pasaron ni 10 segundos para que un grupo de ingleses las rodearan, cual manadas de Velociraptors cazando en grupo, y las empezaran a apoyar, cual la OTAN a Israel en el conflicto con Palestina. Mi mente automáticamente viajó a NZ, a Tauranga, una existencia atrás, cuando estaba con María y se había presentado la misma situación.
Otra vez ese escenario incómodo en el que solo tenía dos alternativas y ninguna era agradable. Mis opciones las siguientes: ir e imponer mi territorio cual simio tonto y peludo, ya sea peleándome con los otros humanos machos u orinándolos. O mirar para otro lado indiferente.
En un momento el Líder Uno de los ingleses, mientras bailaban, la sujeta a Mem, e intenta darle un beso en el cuello o algo así. Ya me la veía venir. Ya veía que me tenía que ir del boliche e ir a pasar Año Nuevo solo debajo de puente aullando como un perro triste. Sin embargo Mem se agachó y esquivó el abrazo cual luchadora de Muay Thai, vino al trotecito hacia a mí y me abrazó como en busca de refugio y protección.

Y fue así cómo superé a María.

Y fue así cómo superé su traición para siempre.

Y fue así cómo recuperé mi fe en las mujeres.

Para celebrarlo, salté arriba de un parlante y desplegué todo mi repertorio de pasos, incluyendo algunas novedades como "La Danza Balinesa" "Bola de Energía" y algunos clásicos como “El Tiburón” de Proyecto Uno o “Dime que me quieres” de Ricky Martin.
Mem, desde abajo, aplaudía vivazmente y reía encantada.

A las 11:45 salimos del boliche a esperar a Juan en la esquina ya previamente pactada. Si bien le había dado claras indicaciones y consejos para que llegara a tiempo, el transito estaba terrible y me entristeció pensar que tal vez tuviera que pasar Año Nuevo en el aeropuerto o, peor aún, en el taxi.
Sin embargo, a las exactamente 11:55 sentí, desde atrás, una mano en mi hombro y después de muchísimo tiempo sin cruzarme con el hermoso y querido idioma español, escuché las siguientes poéticas palabras.
- Qué hacé, maraca? (100% txt) - me di vuelta y allí estaba
- JUAN!

El mismo Juan con el que había llegado a Nueva Zelanda tanto tiempo atrás, el mismo Juan con el que compartimos un camioneta que nos duró un mes y el mismo Juan con quien nos habíamos quedamos afuera de una orgía, mirando el fuego y las estrellas, charlando y compartiendo un momento único e inolvidable.

Nos abrazamos y no podíamos evitar hablar al mismo tiempo. Había tantas cosas que nos queríamos contar que no sabíamos por dónde empezar. Igualmente a los segundos recordé los buenos modos.
- Ah, discúlpame. Juan, te presento a mi amiga Mem.
- Hola, Mem - la saludó Juan dándole la mano.
- Mucho gusto, Mr. Juan.

Y de repente se escuchó el grito multitudinario de

- 9, 8, 7, 6, 5, 4, 3, 2, 1, 0...FELIZ ANIO NUEVO!!!!! - y comenzaron los fuegos artificiales.

Nos quedamos en la calle bailando un poco y luego nos sentamos a tomar algo y a charlar, también en la calle.
Juan no podía evitar burlarse de mi relación con Mem. Decía que la trataba como a una nena de 6 años y puede ser que tuviera razón. Le hacía chistes tontos y cosquillas, le ofrecía helado, etc. Solo faltaba que le hiciera upa y le resoplara en la panza.

Después de unas horas, Mem se quedó dormida ya que ese día había trabajado (y aparte era medio débil creo) y entonces allí nos pusimos al día con Juan. Este me contó lo que había hecho en NZ, sobre cómo había sido su tambo y algunas cosas más. Yo le di detalles sobre el incidente de Siva, mi tambo y finalmente sobre las mentiras de Stephane.

- Lo dije el primer día y lo sigo diciendo... Stephane es un SANDRO!

Yo sabía que estaba en lo cierto, pero por una cuestión sentimental lo seguía defendiendo y no lo quería reconocer.


De estar solo, unos días atrás, pasé a estar entre muy buenos amigos. No me podía sentir más a gusto y contento.

Cuando Nen (la amiga de Mem) salió del boliche, las acompañamos hasta un taxi y allí me despedí de Mem. Fue una despedida emotiva y hasta un poquito triste.

- Vas a volver a Tailandia?
- Mmm… no sé – y ambos sabíamos que la respuesta era no.
- Igual estoy muy contenta - dijo no muy contenta. Yo rápidamente traté de pensar algo lindo para decirle.
- Mem... tal vez no nos volvamos a encontrar, pero siempre vamos a tener en nuestros recuerdos estos dos días hermosos y felices. (100% textual, 100% cursi, pero la situación lo ameritaba)
- Es verdad… - y sonrió.
- Adiós, Mr Fizu
- Adiós, Mem.

Y nos abrazamos por última vez y nos miramos varios segundos como para que el recuerdo de nuestros rostros nos dure algunos años más.
Sin decir otra palabra, subió al taxi y se fue.

Volvimos caminando al hotel y todavía quedaban algunos vestigios de Año Nuevo aunque el silencio y tranquilidad empezaban a dominar en las calles.
- Nos estés tristes – me dijo Juan
- No estoy triste!
- Tal vez no se vuelvan a encontrar, pero siempre tendrán en sus recuerdos aquellos dos días hermosos y felices. – bromeó Juan
- Pelotudo…

Después de una noche muy amena, nos fuimos a dormir. Necesitaríamos toda nuestra energía para lo que se venía.
Al día siguiente llegaba a Bangkok el primo de Juan, apodado el Gato, que venía de Argentina para pasar las vacaciones con Juan.

Y la semana siguiente sería una semana de locos.

Una semana de playas paradisiacas, turismo sexual y nuevos amigos.

Y en esa semana, una noche en particular, donde presenciaríamos un espectáculo perverso, divertido e increíble. Todo al mismo tiempo.

El famoso y asqueroso…Ping Pong Show.